Página web para distribuidora o mayorista en Panamá
El que le compra a una distribuidora no está paseando: tiene un minisúper, una fonda o un hotel que abastecer, y quiere mandar su lista de la semana sin esperar al vendedor. Así se arma la web de un negocio que vende por caja.
Quien le compra a una distribuidora no compra para él. Compra para su minisúper, su fonda o su hotel, y lo hace todas las semanas. No viene a dejarse convencer por una foto: viene a pedir lo de siempre y a saber qué día le cae el camión.
Por eso la web de un mayorista no se parece a la de una tienda, aunque las dos tengan productos. Atiende a dos clientes distintos: el habitual, que quiere pedir sin esperar a que pase el vendedor, y el nuevo, que buscó «distribuidora de desechables en Panamá» y necesita saber, antes de llamar, si le vendes a alguien de su tamaño y de su zona.
El catálogo mayorista se lee por presentación, no por foto
En la web de una boutique la foto es el producto. En una distribuidora la foto sirve para reconocer la marca y poco más: lo que decide el pedido es la presentación. El comprador no pide «servilletas», pide el fardo de tal marca, y necesita saber cuántos paquetes trae antes de multiplicar. Cada producto necesita:
- Cómo se vende: unidad, paquete, caja, fardo o saco — y si se puede pedir suelto.
- Cuántas unidades trae cada presentación, porque con eso el comprador saca su costo por unidad.
- Marca y medida exactas: el «vaso de 12 onzas» de una marca no es el de otra.
- Un código propio, el mismo que usa tu vendedor, para que el pedido no dependa de describir el producto.
- Si hoy hay o se está esperando el contenedor: el «no hay» descubierto en la entrega es el que hace buscar otro proveedor.
¿Publicas los precios o no?
Es la duda de todo mayorista, porque el precio cambia según el volumen y el cliente. Hay dos respuestas que funcionan: publicar el precio por escala —tanto por caja, menos desde cierta cantidad—, que le ahorra la llamada al comprador pequeño que solo quería comparar, o mostrar el catálogo sin precios y que cada cliente vea su lista al entrar con su cuenta.
Lo que no funciona es la tercera, la más común: el PDF de precios mandado por chat hace cuatro meses, que el cliente te cita cuando ya subió el costo. Una lista que vive en la página se corrige una vez y todos ven la misma.
El pedido es una lista, no un producto
Una tienda recibe pedidos de una pieza. Una distribuidora recibe listas de quince o veinte líneas, y casi siempre se parecen a la de la semana anterior. Si la página obliga a escribirlas a mano en un chat, el pedido llega con «lo mismo de la otra vez pero sin el cloro», y alguien tiene que adivinar.
El arreglo es un formulario de pedido con cantidades por presentación, que al final arme la lista completa y la mande por WhatsApp o por correo, ya ordenada y con el nombre del negocio. Es la misma idea de mandar el pedido completo a WhatsApp desde tu página, llevada a una lista larga. Y si el cliente ya tiene cuenta, poder repetir su último pedido y cambiar dos cantidades es lo que de verdad le ahorra la tarde.
Lo que tiene que estar escrito junto al botón de pedir
- El pedido mínimo, en dinero o en cajas, y si cambia por zona.
- La hora de corte: hasta cuándo se recibe para salir en la próxima ruta.
- Qué pasa si algo no hay: si se sustituye, se espera o se quita de la factura.
La ruta es tu horario de atención
En una distribuidora el dato más consultado no es el precio: es qué día pasa el camión por cada zona. Hoy se pregunta por teléfono y se contesta de memoria. Una tabla sencilla —zona, días de entrega, mínimo para esa ruta— responde al cliente de siempre y le dice al nuevo, sin hablar con nadie, si le llegas a Chorrera, a Colón o a David.
Te armamos el catálogo por presentación, el pedido como lista y la tabla de rutas, para que el cliente pida sin esperar al vendedor.
Quiero la web de mi distribuidoraAbrir cuenta: el cliente nuevo quiere saber cómo se empieza
El restaurante que acaba de abrir y busca proveedor no sabe si le vas a vender a él o solo a cadenas. Una sección de «quiero ser cliente» que diga qué tipo de negocios atiendes, en qué zonas, cuál es la primera compra mínima, cómo se paga al principio y qué te tiene que mandar para que se le dé crédito convierte esa duda en una solicitud. El formulario pregunta lo mismo que tu vendedor en la primera visita: tipo de negocio, zona, qué necesita y cada cuánto.
Y del otro lado está el departamento de compras de una empresa grande, que antes de darte de alta como proveedor pide documentos. Tener una página que diga cuáles puedes enviar y a qué correo pedirlos te hace ver como alguien con quien ya se puede trabajar, antes de la primera reunión.
Qué nivel te toca
Una distribuidora que necesita existir bien —catálogo por presentación, tabla de rutas y un botón que abra el WhatsApp con el código del producto ya escrito— resuelve con Launch ($249). La solicitud de cuenta nueva como formulario que llega ordenado es Capture ($549). El pedido de varias líneas con cantidades, que se arma en la página y llega como lista, entra en Growth ($849).
Precios distintos por cliente, cuenta con clave, historial de pedidos y repetir el último ya es un sistema a la medida (desde $1,500). Qué se paga en cada banda está en la guía de cuánto cuesta una página web en Panamá.
El resumen: tu cliente ya sabe qué quiere. La página no tiene que venderle nada; tiene que dejarlo pedir completo, a cualquier hora, y decirle cuándo le llega.
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